La Democracia es muchas cosas a la vez: es por supuesto un imperativo ético, un ideal a alcanzar basado en la persistente idea de que son los pueblos los que deben auto-gobernarse y que es en los pueblos en donde reside la verdadera soberanía política.
Pero al mismo tiempo, la Democracia es mucho más que una forma de elegir gobiernos; la Democracia es un modo de organización social que se basa en el principio que todas las decisiones que son relevantes para la vida de una comunidad –barrial, urbana, regional, nacional – deben tomarse y decidirse en forma colectiva, en los modos del diálogo y los mecanismos que promuevan la participación de los y las ciudadanas en los niveles de gobierno, de las organizaciones de la sociedad civil y las organizaciones empresariales.
La Democracia es entonces un imperativo ético, un modo de elección política y una forma de vida. Por todo ello, la Democracia será siempre incompleta si no toma en cuenta que las formas de participación política y social que la vida democrática exige, están amenazadas por las profundas desigualdades económico-sociales. La democracia sólo puede sostenerse pues en la búsqueda del ideal de la igualdad y la equidad. Una distribución cada vez más equitativa de los bienes materiales y simbólicos es una condición indispensable para que se profundice la democracia.
La Democracia pierde totalmente su sentido si no se basa en el cumplimiento, el sostén y la ampliación de los Derechos Humanos. El acceso a un sistema judicial transparente y justo; la certeza de que nadie será reprimido por sus opiniones; el derecho a manifestarse pacíficamente a toda autoridad, son principios básicos sin los cuales no hay democracia efectiva. Ni que hablar de las sociedades en donde la discriminación por raza, por elección de género o por motivos religiosos está aún presentes por ley.
En nuestra América Latina el ideal democrático ha sido una constante en los deseos, el sentir y la búsqueda de los pueblos. Por desgracia, no ha sido la constante en las elites, las Fuerzas Armadas y de seguridad y las grandes corporaciones. Nuestras democracias latinoamericanas nacieron con dificultad , luchando por la Independencia, se construyeron dolorosamente batallando contra golpes de Estado y Dictaduras.
Por eso debemos celebrar la Democracia situada en nuestra América Latina como horizonte de realización económica, social, política y cultural y proponernos construirla efectivamente día a día desde nuestros hogares, el barrio, la ciudad, las provincias, la Nación y la Patria Grande. Una construcción que sólo será democrática si es con todas, todos.