Recordemos hoy de un modo especial a aquellos que en el campo de batalla ofrendaron su vida por la Argentina. A quienes defendieron nuestra tierra a costa de sus vidas. Somos tributarios de héroes como San Martín, Belgrano y Güemes. Y también de quienes en Chacabuco, Maipú, Tucumán, Salta y otros tantos campos de batalla acompañaron a sus jefes y derramaron su sangre. A nuestros hermanos argentinos que se quedaron de centinelas en la turba malvinera o en las heladas aguas del Atlántico Sur.
Triunfos y derrotas, alegrías y dolores que nos recuerdan por qué vale la pena vivir y, sobre todo, por qué vale la pena morir.
Épicas victorias y fracasos que obligaron a ponerse de pie nuevamente, que fueron tejiendo nuestro presente, que es deudor del sacrificio de tantos compatriotas.
A todos los caídos por la Patria terrena, un imborrable recuerdo y una plegaria para que, junto a Dios, desde la vida eterna, nos acompañen en nuestro peregrinar a la Patria celestial.