Cinco meses después de quedar afuera de la Libertadores con la U. Católica, Boca vive una fantasía tan tangible como esa fiesta que definitivamente se desató en la Bombonera con el pitazo final de un cuestionado y dubitativo Nicolás Ramírez, tras ese desenlace 11 contra 9 (por la roja a Montiel). Sin brillar esta vez pero con una muestra más del sentido común que le dio Arruabarrena, Boca vive un fin de año que puede terminar con cinco títulos y el definitivo regreso de un gigante que venía dormido.
Es omnipresente la presencia de Paredes para manejar algo más que los tiempos (estuvo a centímetros de meter un golazo). Es el titiritero aun sin mostrarse al 100% desde lo físico y son claves sus laderos Delgado y Ascacibar, el primero para alternar posiciones y funciones con el capitán y el otro para llegar hasta por las dudas al área rival.
Por su parte, River llegó en medio de su guerra contra la AFA y en un partido en el que se discutió hasta si había sol o nubes, terminó con dos jugadores menos y todavía pide revisiones al VAR por, al menos, una segunda amarilla para Paredes y un agarrón de Di Lollo a Otamendi en el descuento. Un River que llegó cargado en este sentido al clásico por razones que son de público conocimiento y ciertas determinaciones de Ramírez no ayudaron a morigerar el ambiente. En este contexto, la roja a Martínez Quarta es incuestionable (acá a Ramírez lo salvó el llamado del VAR), pero Blanco debió ser expulsado antes que Montiel por una acción casi idéntica (sobre Andrada) previa justamente al foul de Cachete a Blanco.
Desde ahí, River se asumió definitivamente inferior, no generó ninguna atajada de Montero, recién tuvo un tiro de esquina en el segundo tiempo y Beltrán, por caso, hizo tiempo en cada saque de arco. Un River que terminó con Giovanni González de 4 (vale la pena repasar el último centro que tiró el uruguayo que llegó desde Krasnodar de Rusia) y el pibe Juan Cruz Meza de volante central.
Su objetivo urgente será lograr templanza y apuntarle a los playoffs para, de una buena vez, justificar lo que invirtió y darle al menos una alegría a sus hinchas.
El Xeneize le sacó cuatro puntos a Vélez, que es el cuarto de la tabla anual, y de esa manera se aseguró la posibilidad de jugar, al menos, la fase previa de clasificación.
En conferencia de prensa, el Vasco Arruabarrena se refirió a este logro y dejó en claro cuál es el objetivo de Boca. “Seguimos dependiendo para entrar a zona de grupos de Libertadores y es un objetivo que teníamos en mente. Igual hay que salir campeón y nos falta; la clasificación a la Copa es un premio chiquitito para este grupo”, afirmó.
La Conmebol le dió la bienvenida a la Copa Libertadores
