Con un programa cargado de devoción, tradiciones y sentido comunitario, la jornada de actividades comenzará a las 9.30 con el traslado de la imagen de la Virgen del Valle desde el hospital local hasta la plaza principal. Este acto será seguido por una serie de eventos que marcarán la conexión entre la comunidad y su fe.
Desde la recepción de autoridades a las 10.20, pasando por el izamiento de las banderas y la entonación del himno, hasta la emotiva Santa Misa que tendrá lugar a las 10.30, Molinos vivirá una jornada de profunda espiritualidad.
La procesión y el desfile a las 11.30 sumarán solemnidad al evento, que culminará con un almuerzo comunitario a las 13 en el camping municipal, como cierre de una fiesta que no solo honra a la Virgen, sino también los 200 años de historia parroquial.
Se trata de una tradición religiosa que se mantiene desde 1950, año en que se formó una cofradía en la parroquia San Pedro Nolasco. Desde entonces la celebración es un espacio de recogimiento. Es una festividad con profundos ribetes locales. Llegarán misachicos de todo el departamento y también peregrinos de Colomé, Amaicha, Seclantás, Luracatao, Brealito, La Angostura y Tacuil, entre otros puntos.
La devoción por la Virgen del Valle
La devoción a la advocación en Argentina comenzó en Catamarca en 1891, cuando se realizó la coronación de la imagen de la Virgen. Fue un 12 de abril.
Décadas más tarde, Molinos adoptó la advocación con mucho fervor. Es así que desde mediados del siglo XX fue creciendo hasta convertirse en una de las festividades más importantes de la región.
Según la tradición católica, la aparición de la venerada imagen de la Inmaculada Concepción Nuestra Señora del Valle tuvo lugar entre 1618 y 1620 en una gruta de Choya, departamento Capital, en Catamarca. Las festividades allí se realizan el 8 de diciembre, en coincidencia con el día de la Inmaculada Concepción de María, y 15 días después de Pascuas.