Otra victimas más de la crisis económica de las políticas libertarias: la sostenida caída del consumo desde el 2024, la dificultad para acceder a créditos blandos y las altas tasas impositivas más la desigual competencia con las segundas marcas produjo el derrumbe de las tradicionales galletitas.
Tras más de dos décadas en las góndolas argentinas, una emblemática fábrica de galletitas anunció el cierre definitivo de su planta principal. Esta decisión marca el fin de una era para una firma que logró competir mano a mano con los gigantes multinacionales del sector.
La planta ubicada en la localidad de Albardón, provincia de San Juan, dejó de producir de manera repentina tras casi tres décadas. Esta sede era el núcleo operativo de la empresa y el símbolo de su expansión federal durante los últimos años. La fábrica fue un motor económico vital para la región y para la comunidad local.
¿Cuál es la histórica fábrica que cerró y por qué?
La crisis económica actual y la caída del consumo interno fueron los factores determinantes que llevaron a la empresa a cerrar la fábrica de galletitas Tía Maruca en San Juan. El aumento desmedido en los costos de los insumos básicos, como la harina y el azúcar, destruyó la rentabilidad de la producción a gran escala. A pesar de los intentos por reestructurar la deuda, el contexto inflacionario terminó con las finanzas de la compañía.
Según datos del INDEC, la industria manufacturera inició el 2026 con una caída interanual del 8,7% en febrero. El consumo masivo, tras haber sufrido un derrumbe histórico del 16% en 2024, no logró una recuperación sólida en 2025 (apenas un 2%), dejando al mercado en niveles muy por debajo de los históricos.
Por otro lado, la dificultad para acceder a créditos blandos y las altas tasas impositivas imposibilitaron la modernización tecnológica necesaria para seguir siendo competitivos. La lucha con segundas marcas más económicas también mermó la participación de Tía Maruca en el mercado de las galletitas dulces.
En última instancia, la acumulación de pasivos financieros durante los últimos dos años hizo que la continuidad operativa fuera totalmente insostenible hoy.
Para firmas como Tía Maruca, el problema no fue solo la falta de ventas, sino la estructura de costos. La utilización de la capacidad instalada en la industria cayó al 52% a inicios de 2026.
De esta manera, operar una planta moderna como la de Albardón a la mitad de su capacidad genera un costo unitario por galletita que vuelve al producto poco competitivo frente a marcas de bajo costo o productos de “panadería” informal.