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HOUSSAY RECIBÍA EL NOBEL DE MEDICINA

El 23 de octubre de 1947 el Dr. Houssay fue galardonado con el Premio Nobel de Medicina por sus descubrimientos sobre el papel de la hipófisis en la regulación de la cantidad de azúcar en sangre.

by Javier Daniel Mamani
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Bernardo Alberto Houssay nació en Buenos Aires el 10 de abril de 1887 en el seno de una familia de inmigrantes franceses. Fue un estudiante prodigio. Se graduó de bachiller a los 13 años, en el Colegio Nacional de Buenos Aires (CNBA); a los 17 años se recibió de farmacéutico y a los 23 años de médico.

Trabajó en el Instituto Bacteriológico Nacional (hoy, Instituto Malbrán), dirigiendo el Departamento de Sueros y participó de la campaña nacional sobre antídotos de víboras en distintas provincias del país. En el Instituto conoció al Dr. Salvador Mazza y a la Dra. María Angélica Catán. Participó en la creación del Instituto de Fisiología en la Facultad de Medicina, de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y fue designado profesor titular de la Cátedra de Fisiología, espacio que convirtió en el moderno centro de investigación Instituto del Dr. Houssay. Estableció una gran camaradería con el Dr. Carlos Chagas, desde el Instituto Oswaldo Cruz de Río de Janeiro.

En 1922 recibió el Premio Nacional de Ciencias por su trabajo Acción fisiológica de los extractos hipofisiarios, donde hay indicios de las investigaciones que le valieron el Nobel.

En 1934 impulsó la creación de la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias (AAPC) con la finalidad de conseguir el financiamiento adecuado para que los científicos desarrollen sus investigaciones con más tiempo y resultados más precisos.

La obra que le abrió la puerta al Nobel

En el año 1945 publicó el tratado Fisiología humana, en coautoría con figuras destacadas de sus equipos de trabajo como Eduardo Braun Menéndez, Virgilio G. Foglia, Oscar Orías, Luis F. Leloir, Juan T. Lewis y Enrique Hug. La publicación, que incluía artículos e ilustraciones sobre fisiología general, fue traducida a varios idiomas, entre ellos, al francés, inglés, portugués e italiano, un hecho importantísimo de la divulgación científica argentina.

La publicación de este tratado le otorgó a Houssay la consagración internacional y el 23 de octubre de 1947 fue galardonado con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina ,convirtiéndose así en el primer latinoamericano en recibir la distinción en ciencias. Sus investigaciones y descubrimientos sobre el papel de la hipófisis en la regulación de la cantidad de azúcar en sangre resultaron esenciales para comprender la diabetes.

El Premio Nobel le llegó en 1947, a los 60 años. Fue un reconocimiento a una trayectoria de vida, un merecido premio por su dedicación full-time a la investigación científica en el país y para el país. Cabe recordar que, si bien tuvo varios ofrecimientos para seguir sus investigaciones en el extranjero, Houssay se propuso seguir haciendo ciencia en la Argentina, a pesar de las dificultades económicas y políticas de ese momento.

Si bien Houssay ya era conocido por sus extraordinarias investigaciones en distintos centros científicos del exterior, como New York, Londres y París, la obtención del Nobel le otorga la consagración internacional e instala a la Argentina en el mundo de la ciencia.

A partir de este hecho no solo recibe una gran cantidad de condecoraciones de las más prestigiosas universidades y sociedades médicas del mundo, sino que se le abren las puertas de numerosas fundaciones e instituciones que aumentan las posibilidades de financiamiento para avanzar y consolidar la investigación en pos de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos en nuestro propio país.

Fue un gran impulso a seguir encabezando proyectos de investigación y continuar con la formación de discípulos, una tarea que siempre intentó llevar adelante con mucha dedicación. Uno de sus mayores discípulos fue Luis F. Leloir, Premio Nobel de Química en 1970. Un Nobel formó a otro Nobel, ambos científicos argentinos. Entendemos que no debe ser un hecho muy común en el mundo.

El legado 

Uno de los legados más importantes fue el impulso que dio a la creación de numerosos institutos y centros para el progreso de la ciencia en el país. Una preocupación constante, a lo largo de toda su vida, fue conseguir fuentes de financiamiento, públicos y privados, a través de becas y subsidios para que los investigadores puedan desarrollar sus investigaciones con más tiempo y resultados más precisos.

En 1934, la creación de la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias (AAPC) fue clave para poner en práctica sus ideales más fecundos:

En 1958, la creación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), como centro de investigación nacional, y a través de este organismo el cargo de investigación con dedicación exclusiva, es un hecho fundamental para la Argentina.

Otro legado fue el aspecto formativo. Al frente del Instituto de Fisiología de la Facultad de Medicina, que abarcaba la investigación en el laboratorio y la docencia en la Cátedra de Fisiología, Houssay fue un maestro de varias generaciones de jóvenes científicos y futuros investigadores argentinos y extranjeros, recibiendo a becarios de distintos países de Latinoamérica, Estados Unidos y de Europa.

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