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GRITO DE ALCORTA

Se conoce como El Grito de Alcorta al pronunciamiento gremial-agrario que llevaron adelante los colonos de las localidades del sur de la provincia de Santa Fe, en Alcorta, el 25 de junio de 1912. Pedían la rebaja de los arrendamientos, la libertad de contratación, un mínimo de cuatro años para los contratos, cosas lógicas.

by Javier Daniel Mamani
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La protesta se inició el 15 de junio en Bigand, cuando los agricultores, convocados por el colono Luis Fontana, se reunieron en la plaza del pueblo para protestar por el alto precio del alquiler de los campos y otras condiciones desfavorables que se establecían en los contratos de arrendamiento. En esta reunión se sentaron las bases para una organización gremial denominada “Campesinos Unidos” cuyo objetivo era defender los derechos de los colonos sin tierra. Diez días después este movimiento se trasladó a la localidad de Alcorta, en donde hacía más de un mes Francisco Bulzani y Gilarduci, que se habían puesto al frente de los reclamos, recorrían los campos para sumar adherentes. El 25 de junio, los colonos reunidos en asamblea en el local de la Sociedad Italiana de Alcorta, declararon la huelga general por tiempo indeterminado y duró casi cuatro meses.
El movimiento se extendió a los territorios de Buenos Aires, Córdoba y La Pampa. Se estima que alrededor de 100.000 colonos se involucraron en la protesta.
La huelga de los chacareros, que se extendió del Sur de Santa Fe a Córdoba y Buenos Aires. Pedían la rebaja de los arrendamientos, la libertad de contratación, un mínimo de cuatro años para los contratos, cosas lógicas. A la protesta se sumaron los sacerdotes José y Pascual Netri y el abogado Francisco Netri.

La reacción de los estancieros no se hizo esperar y acusaron de agitadores a los huelguistas. En la asamblea de la Sociedad Rural de Rosario, reunida el 13 de julio de 1912, para condenar la huelga y evaluar los pasos a seguir, todos se quedaron asombrados cuando uno de sus socios pidió la palabra e invitó a los presentes a evaluar las justas razones de los chacareros y los invitó a salvar la cosecha acordando con los huelguistas. El que así hablaba era Lisandro de la Torre, quien propondría, poco después, convertir en propietarios a los arrendatarios y a los jornaleros rurales y se pronunciaría por una profunda reforma agraria.

Pero no todos pensaban como Lisandro y se lanzó sobre los huelguistas una dura represión que incluyó el encarcelamiento de muchos de sus dirigentes y hasta del sacerdote José Netri por 60 días en la Jefatura de Policía de Rosario. El flamante gobierno radical de Santa Fe que había llegado al poder gracias a la Ley Sáenz Peña, ordenó a una comisión la elaboración de un informe que concluyó que los reclamos de los huelguistas eran absolutamente justos y aconsejaba la fijación por escrito de contratos de arriendos justos y previsibles en los que los gastos de embolsado y acarreo corriera por cuenta de los propietarios y se liberara a los arrendatarios del pago de garantías de calidad de cultivos.

La comisión entendió que había que ir un poco más allá y que el Estado tenía un rol fundamental en facilitar el acceso a la propiedad de la tierra para los verdaderos agricultores y en otorgarles ventajas impositivas, subsidios para fletes y créditos blandos para comprar elementos de labranza y semillas.

Para fines de julio la huelga comenzó a obtener sus primeros triunfos: en la mayoría de los campos comenzaron a aceptarse las condiciones de los huelguistas y se firmaron nuevos contratos de arrendamiento.

El 15 de agosto de aquel 1912 los chacareros se reunieron en la Sociedad Italiana Giuseppe Verdi de Rosario dando nacimiento a la Federación Agraria Argentina bajo la presidencia del dirigente socialista Francisco Noguera y la asesoría letrada de Francisco Netri. Poco después, Netri pasaría a ocupar la presidencia.

El triunfo parcial de la huelga y la conformación de la primera entidad gremial del campo que reunía a los pequeños y medianos propietarios fue un trago amargo para aquellos que estaban acostumbrados a que el campo fuera un territorio exclusivo donde sólo imperaban su voluntad y sus intereses.

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