El desarrollo de los autos eléctricos suele estar asociado a los últimos adelantos tecnológicos, pero detrás del impulso que la actividad viene experimentando en el siglo XXI hay una larga y poco conocida historia, cuyos orígenes se remontan a principios del siglo XIX, muchos años antes de la aparición de los vehículos con motores a combustión interna.
Como en otras tantas invenciones, tampoco en el caso de los autos eléctricos hay una coincidencia absoluta en atribuir el inicio de la actividad a un protagonista en particular, aunque se cree que el primer vehículo abastecido con un motor eléctrico fue creado en 1828 por el sacerdote húngaro Ányos Jedlik.
Otros experimentos de corta vida se llevaron a cabo en la década siguiente, como el del herrero Thomas Davenport, quien ideó un vehículo impulsado por un motor eléctrico, aunque existen reparos para considerarlo estrictamente un “auto”, ya que se desplazaba sobre una vía férrea.
A gran escala
En 1884, el inglés Thomas Parker fue el primero en producir autos eléctricos en cantidades para comercializar, motivado por un problema que ya preocupaba por entonces a los londinenses, como los efectos perniciosos del humo de las locomotoras.
Ese fue el puntapié inicial para el impulso de los autos eléctricos, que competían de igual a igual con los alimentados a vapor y a nafta e incluso superándolos en algunas ciudades. Además de Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia y Alemania avanzaban con distintas iniciativas.
En París, el ingeniero Camille Jenatzy crea un vehículo eléctrico, “La Jamais Contente” que el 29 de abril de 1889 se convierte en el primero en superar la velocidad de 100 km/h y también el pionero en la incorporación del concepto de aerodinámica.