Cada 30 de julio se celebra el día Internacional de la amistad, una fecha proclamada por la ONU en 2011 para subrayar el valor de los vínculos entre personas y comunidades como herramienta de paz y cohesión social. Su origen, sin embargo, es anterior: suele rastrearse hasta 1958, cuando en Paraguay se impulsó la “Cruzada Mundial de la Amistad”, una iniciativa civil que promovía dedicar un día a reconocer y fortalecer estos lazos.
La amistad puede definirse como un vínculo voluntario, recíproco y sostenido en el tiempo, basado en afecto, confianza y apoyo mutuo.
A diferencia de otros lazos, no está impuesto por parentesco ni por obligación formal: se elige y se renueva con cada interacción.
Por eso, para muchos especialistas, es un termómetro de bienestar social: contar con amigos suele traducirse en compañía, identidad compartida y una red de ayuda cuando aparecen dificultades.
La investigación en psicología y salud pública coincide en que las relaciones cercanas se asocian con mejor salud y mayor longevidad. Un amplio cuerpo de estudios sobre integración social y mortalidad, citado con frecuencia en revisiones y metaanálisis, sugiere que los vínculos de calidad actúan como factor protector comparable a otros hábitos de salud.