El 11 de junio de 1826, el Río de la Plata fue escenario de uno de los combates navales más desiguales y celebrados de la historia argentina. Frente a la ciudad de Buenos Aires, en una zona de mayor profundidad que le daba nombre al lugar -Los Pozos-, la endeble escuadra argentina se enfrentó a la flota del Imperio de Brasil, y venció.
El episodio se enmarcaba en la Guerra contra el Brasil, desencadenada tras la declaración de guerra del Imperio el 10 de diciembre de 1825. Brasil alegaba que las Provincias Unidas del Río de la Plata habían apoyado la expedición de los Treinta y Tres Orientales y alentaban a los uruguayos a liberarse de la ocupación brasileña. El 21 de diciembre de ese año, una poderosa escuadra imperial bloqueó Buenos Aires.
Ante esa amenaza, el gobierno porteño convocó al marino irlandés nacionalizado argentino Guillermo Brown. El 12 de enero de 1826 le confirió el mando de la escuadra, que contaba con recursos mínimos: dos bergantines y una vieja lancha cañonera. Brown demostró entonces otra faceta de su capacidad -la organización- e incorporó 12 lanchas cañoneras e incrementó el número de buques mediante la adquisición de nuevas embarcaciones.
El 10 de junio de 1826, una poderosa fuerza brasileña de 31 barcos se presentó ante Buenos Aires. Brown solo disponía de 4 buques y 7 cañoneras. Antes del combate, el almirante arengó a sus hombres con palabras que quedaron en la historia: “¿Véis esa gran montaña flotante? ¡Son los 31 buques enemigos! Pero no creáis que vuestro general abriga el menor recelo”. La consigna de la nave capitana fue aún más directa: “¡Fuego rasante que el pueblo nos contempla!”
El combate tuvo lugar en el fondeadero de la Dársena Norte del Puerto de Buenos Aires y pudo ser presenciado por gran parte de la población, que llegaba entonces a unas 60.000 personas y contemplaba angustiada la desproporción de fuerzas.
Poco antes de las dos de la tarde se empeñó la acción en toda la línea. El comandante Leonardo Rosales llegó en ayuda del almirante con la goleta Río de la Plata, y Nicolás Jorge hizo lo mismo con el bergantín General Balcarce. Para facilitar la maniobra de esas dos naves, Brown atacó con frágiles cañoneras a uno de los buques más poderosos de Brasil, la fragata Nitcheroy. Al despejarse el humo del combate, la fuerza enemiga se retiraba. Hubo un solo muerto del lado argentino.
La ciudad entera festejó el resultado. Brown recibió ese día del pueblo de Buenos Aires las pruebas más exaltadas de admiración y gratitud ante esta victoria llamada Combate de los Pozos.
El episodio quedó inscripto en la memoria colectiva porteña: una arteria de Buenos Aires lleva desde entonces el nombre Combate de los Pozos, naciendo frente al Congreso Nacional y avanzando hacia el sur.