San Martín nació el 25 de febrero de 1778 en Yapeyú, Corrientes, cuando ese territorio formaba parte del Virreinato del Río de la Plata. Fue el menor de los cinco hijos de Juan de San Martín y Gregoria Matorras. A los seis años viajó con su familia a España, donde desarrolló buena parte de su formación militar y llegó a incorporarse al ejército español.
Pero su historia cambiaría de rumbo. En 1812, a los 34 años, regresó a Buenos Aires y se puso al servicio de la causa independentista. Poco después creó el Regimiento de Granaderos a Caballo, una fuerza que tendría su bautismo de fuego el 3 de febrero de 1813 en el combate de San Lorenzo, donde San Martín consiguió su primera victoria al frente de sus hombres.
Su mirada, sin embargo, iba mucho más allá de las batallas que se libraban en el territorio de las Provincias Unidas. San Martín comprendió que la independencia de la región no podía consolidarse mientras los ejércitos realistas conservaran posiciones en Chile y Perú. De esa convicción nació uno de los planes militares más ambiciosos de la historia americana: cruzar los Andes para liberar Chile y avanzar luego hacia Perú.
Entre 1814 y 1817 organizó en Mendoza el Ejército de los Andes, una fuerza que reunió soldados, milicianos y recursos de distintas regiones. En enero de 1817 comenzó el histórico cruce de la cordillera. El esfuerzo desembocó en la victoria de Chacabuco, el 12 de febrero de 1817, y posteriormente en el triunfo de Maipú, el 5 de abril de 1818, que consolidó la independencia chilena.
La campaña continuó hacia Perú. En 1820, la expedición libertadora partió desde Chile y desembarcó en las costas peruanas. Un año después, San Martín ingresó en Lima y el 28 de julio de 1821 se proclamó la independencia del Perú. Su participación en el proceso de emancipación sudamericana lo convirtió en una figura fundamental no solo para la Argentina, sino también para Chile y Perú.
Después de retirarse de la vida pública, San Martín pasó sus últimos años en Europa. En 1824 viajó nuevamente al continente europeo acompañado por su hija Mercedes. Vivió en distintos lugares hasta establecerse en Francia. En 1848 se instaló en Boulogne-sur-Mer, donde murió dos años después, a los 72 años, acompañado por su hija, su yerno y sus nietas.
Su muerte ocurrió lejos de la tierra que había ayudado a independizar. Sin embargo, sus restos regresarían a la Argentina tres décadas más tarde. En 1880 fueron repatriados y trasladados a Buenos Aires, donde desde entonces descansan en el mausoleo de la Capilla Nuestra Señora de la Paz, dentro de la Catedral Metropolitana. El lugar permanece bajo custodia de una guardia de Granaderos a Caballo, el regimiento que San Martín creó en 1812.
La fecha del 17 de agosto no solo recuerda la muerte de un militar. También recupera la figura de un hombre que convirtió una idea política -la independencia- en un proyecto continental y que, después de sus campañas, eligió retirarse de la escena pública. Por eso, en la Argentina, San Martín quedó asociado a una idea que excede sus victorias militares: la libertad como proyecto colectivo.
Cada 17 de agosto, el calendario argentino detiene su ritmo para recordar ese legado. A 176 años de su muerte, el nombre de San Martín continúa ligado a una de las páginas decisivas de la historia nacional y americana.