El partido que trasciende el fútbol
Hay partidos que valen una clasificación. Hay otros que definen un campeonato. Y hay unos pocos que trascienden el deporte para instalarse definitivamente en la memoria de un pueblo. Argentina e Inglaterra pertenecen a esa categoría. Nunca juegan solamente un partido de fútbol.
La clasificación conseguida por la Selección Argentina vuelve a poner frente a frente a dos camisetas cuya historia está atravesada por mucho más que noventa minutos. Y esta vez el destino reserva una escena singular: será Lionel Messi, probablemente en el tramo final de su extraordinaria carrera, quien deba conducir a la Argentina en un duelo cargado de historia.
Resulta paradójico. El hombre que ya ganó todo lo que un futbolista puede soñar parecía haber saldado todas sus cuentas con el fútbol. Campeón del mundo, campeón de América, ganador de todos los títulos posibles y reconocido como uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. Sin embargo, la historia nunca pregunta si alguien ya hizo suficiente. Simplemente convoca. Y ahora convoca a Messi.
Como si el destino hubiera querido enviar una señal, la clasificación argentina coincidió con la despedida de Antonio Ubaldo Ratín, uno de los grandes símbolos del fútbol nacional. Los jugadores argentinos lucieron una cinta negra de luto mientras el país despedía al hombre que quedó para siempre ligado al polémico Mundial de Inglaterra de 1966.
Ratín fue expulsado en Wembley en uno de los arbitrajes más discutidos de la historia de los mundiales. Aquella eliminación alimentó durante décadas la sensación de que Inglaterra debía quedarse con esa Copa del Mundo. Finalmente así ocurrió: fue el único Mundial conquistado por los ingleses.
Veinte años después, la historia volvió a reunirlos. En México 1986, apenas cuatro años después de la Guerra de Malvinas, Argentina e Inglaterra protagonizaron uno de los partidos más importantes de la historia del fútbol. Aquella tarde Diego Maradona convirtió la “Mano de Dios” y el inolvidable “Gol del Siglo”. Mientras relataba esa obra maestra, Víctor Hugo Morales sostuvo que aquel gol era también la reivindicación de un pueblo que aún lloraba a los más de seiscientos jóvenes argentinos caídos en Malvinas.
Desde entonces, cada Argentina-Inglaterra dejó de ser un simple acontecimiento deportivo. Se convirtió en un partido cargado de memoria, identidad y emociones.
En las tribunas, esa memoria se expresa en un canto que atraviesa generaciones: “El que no salta es un inglés”. Más allá de la lógica futbolera, esa consigna refleja una parte de la memoria colectiva de los argentinos, marcada por las invasiones inglesas, los conflictos económicos, la cuestión de la soberanía y, sobre todo, por la herida abierta de nuestras Islas Malvinas.
Entre Maradona y la Bruja Verón
El destino parece haber colocado a Lionel Messi entre dos símbolos del fútbol argentino.
Entre Diego Maradona y la Bruja Verón.
Maradona quedó inmortalizado como el hombre que convirtió el partido frente a Inglaterra en una epopeya deportiva. Su figura terminó fundiéndose con el sentimiento popular hasta convertirse en un símbolo nacional.
La historia de Juan Sebastián Verón fue distinta. A pesar de su enorme talento, convivió durante años con prejuicios y cuestionamientos nacidos del origen inglés de su apellido y de la historia de su familia. Fue una muestra de cómo, frente a Inglaterra, la pasión muchas veces desborda cualquier explicación racional.
Hoy es Messi quien ocupa ese lugar. Él nunca buscó convertirse en un dirigente político ni en un referente ideológico. Siempre eligió hablar con la pelota. Pero existen momentos en que la historia coloca a determinadas personas en un escenario del que ya no pueden escapar.
Argentina ha construido gran parte de su identidad defendiendo su soberanía. Desde la Independencia hasta las denuncias de Lisandro de la Torre contra el Pacto Roca-Runciman, pasando por el asesinato del senador Enzo Bordabeherpasando por el asesinato del senador Enzo Bordabehere y la permanente reivindicación de los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas, existe un hilo histórico que atraviesa generaciones.
No se trata de comparar hechos de distinta naturaleza. Mucho menos de trasladar una guerra a una cancha de fútbol. Se trata de comprender que los pueblos construyen símbolos. Y algunos partidos terminan formando parte de esa construcción colectiva.
Quizás el destino le haya reservado a Lionel Messi el último gran desafío de una carrera perfecta. El hombre que conquistó todos los títulos posibles llega ahora al partido que, por su carga histórica y emocional, puede terminar de transformarlo no solamente en el mejor futbolista de todos los tiempos, sino también en un símbolo definitivo de la memoria deportiva argentina.
Porque hay partidos que se juegan con los pies.
Y hay otros que se juegan con la historia de un pueblo.
Este, sin dudas, pertenece a los segundos
MARCELO SEGURA RECTOR IES ABUELAS DE PLAZA DE MAYO