La inflación volvió a acelerarse en diciembre y cerró el año con una suba mensual de 2,8 por ciento, lo que marca siete meses consecutivos de incrementos, aun después de un ajuste fiscal extremo, una política monetaria contractiva y un esquema de anclas que el Gobierno presentó como el camino definitivo para pulverizar los precios. Lejos de arrancar con cero, como prometió el presidente Javier Milei en distintas etapas de su gestión, el índice de precios se mantiene desde hace 4 meses por encima del 2 y empieza a acercarse de manera persistente al 3, un nivel que desnuda los límites del programa económico.
El propio dato oficial, además, no logra reflejar en toda su magnitud la situación angustiante que atraviesa la mayoría de los argentinos. La medición del Índice de Precios al Consumidor se apoya en una estructura de ponderaciones basada en la Encuesta Permanente de Hogares de 2004/2005, con más de veinte años de antigüedad, que no representa los patrones actuales de consumo ni el peso real que tienen hoy los gastos esenciales en los hogares.
Esa desactualización metodológica tiende a subestimar los aumentos de precios efectivos que enfrentan las familias, en particular en rubros sensibles como servicios, alquileres y alimentos. No es un detalle menor: a partir de enero se implementará un cambio en la metodología y se pasará a utilizar información correspondiente a 2017/2018, una actualización que, implícitamente, reconoce que el índice vigente no logra capturar con precisión la dinámica inflacionaria real.
El dato difundido por el Indec no sólo confirma que el proceso de desinflación se estancó, sino que además expone que el costo del ajuste no se tradujo en una desaceleración sostenida. En todo 2025, la inflación acumuló 31,5 por ciento, una cifra elevada para una economía que atravesó una fuerte recesión, con caída del consumo, del empleo y de la actividad. El Gobierno apostó a que el freno de la economía, la licuación de ingresos y la liberalización de precios generarían una baja más rápida del índice, pero los números muestran que ese efecto se agotó.
La dinámica de diciembre volvió a estar impulsada por los precios regulados y los servicios. Mientras los bienes aumentaron 2,6 por ciento en el mes, los servicios subieron 3,4, consolidando una brecha que se repite desde hace meses y que golpea de lleno a los ingresos fijos. En términos interanuales, los servicios acumulan una suba de 43,1 por ciento, muy por encima de los bienes, que avanzaron 26,5. La estrategia oficial de recomponer tarifas y precios regulados, presentada como un paso inevitable para ordenar la economía, sigue teniendo un impacto directo sobre la inflación mensual.
Por divisiones, Transporte encabezó los aumentos de diciembre con una suba de 4 por ciento, seguido por Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, que avanzó 3,4. También mostraron incrementos por encima del nivel general Comunicación, Restaurantes y hoteles y Bienes y servicios varios. Alimentos y bebidas no alcohólicas subieron 3,1 por ciento y fueron, otra vez, la división con mayor incidencia en el índice, lo que refleja que la inflación continúa teniendo un fuerte componente regresivo, incluso en un contexto de consumo debilitado.
Dentro del rubro alimentos, el comportamiento fue dispar, pero con fuertes subas en productos clave. Carnes y derivados registraron aumentos significativos, mientras que frutas también mostraron alzas importantes, compensadas parcialmente por bajas en verduras y tubérculos. Esa heterogeneidad no alcanza para aliviar el impacto sobre los hogares, que enfrentan precios altos en productos básicos con salarios que siguen corriendo por detrás.
El análisis por categorías deja otro dato incómodo para el relato oficial. Los precios regulados aumentaron 3,3 por ciento en diciembre y lideraron el incremento mensual, seguidos por el IPC núcleo, que avanzó 3,0. Los estacionales, en cambio, subieron apenas 0,6. La persistencia de un núcleo inflacionario elevado indica que la inercia de precios sigue activa, aun con una política monetaria restrictiva y con tasas de interés que, en algunos tramos del mercado, llegaron a niveles de tres dígitos.
Milei festeja el dato anual
En el año 2023, el presidente actual disparo el nivel inflacionario al 211,4% anual producto del inicio de una política recesiva que licuo los ingresos de los sectores populares. El año 2024, arrojo un 117,8% de inflación anual. Luego de esas cifras astronómicas generadas por la misma política económica y con el objetivo de lograr inflación 0, este 2025 la inflación anual se ubicó en 31,5%. Las cifras de crecimiento se mantuvieron por seis meses. Sin embargo, los festejos solo corresponden al sector macro económico porque los ciudadanos de a pie no logran acceder a la canasta básica de alimentos.