La arqueología busca responder cómo se organizaron las sociedades humanas y por qué cambiaron: qué comían, cómo producían, qué intercambiaban, cómo se adaptaron a sequías o conflictos, y qué desigualdades o tecnologías surgieron; aporta evidencia material para discutir grandes preguntas sobre ambiente, salud, economía y memoria social, más allá de los relatos escritos.
Excavaciones
Excavar es “desarmar” un sitio de manera controlada, porque una vez removido ya no puede repetirse. Por eso se trabaja con estratigrafía: capas de suelo que, en general, van de lo más reciente a lo más antiguo.
Primero se hace prospección (recorridas, imágenes satelitales, geofísica), se delimita el área y se diseña un muestreo.
Luego se excava por unidades pequeñas, se tamiza el sedimento y se registra todo: profundidad, posición, asociación entre objetos, color y textura del suelo, fotos y modelos 3D.
También se toman muestras para microrestos (polen, almidones), química del suelo y restos orgánicos. El objetivo es conservar información, no “sacar cosas”.