La primera estampilla de Argentina tenía un sello diseñado por el inmigrante francés, Matías Pipet, quien fue el grabador de la única plancha en cobre en la que fueron impresas las diecisiete emisiones emitidas hasta 1880, año en que fueron nacionalizados los servicios postales.
Los sellos fueron impresos en papel de seda -popularmente conocido como barrilete- en tinta negra y con el contorno liso. La estampilla tenía la efigie de la Diosa Ceres, nombre latino de la deidad de la agricultura, imitación de los primeros sellos postales franceses y el valor era el de un real.
Este sello había sido encomendado a Pipet, por el Dr. Juan Pujol, quien era por entonces gobernador de Corrientes, y fue quien trajo la idea del timbrado postal, después de un viaje que había realizado por Europa. Al regresar de su recorrido por el viejo continente, el Dr. Juan Pujol, estableció el timbrado postal en Corrientes.
La fecha es especial para los filatelistas, que son quienes hacen de la colección de sellos postales una verdadera pasión a la que se dedican como si fuese un trabajo de tiempo completo.
Es que se trata de una labor que no solo consiste en conseguir los sellos, sino que implica clasificarlos, cuidarlos, evaluarlos y hasta tasarlos. También conlleva la necesidad de convertirse en especialistas en historia postal.