La festividad comenzó como una forma de la iglesia católica de celebrar a aquellos mártires que dieron la vida por la fe, sobre todo en las persecuciones cristianas, precisamente en la época de Diocleciano, conocida también como “la gran persecución”. En ese entonces, un enorme número de Cristianos defendieron la fe y murieron a manos del ejército romano.
Esta primera celebración se remonta a Antioquía en el domingo antes a la fiesta de pentecostés, durante las pascuas. De todas maneras, no sería recién hasta el año 731 cuando el Papa Gregorio III consagraría en la Basílica de San Pedro a todos los Santos y establecería la festividad el 1 de noviembre.
Esta festividad tiene una celebración diferente en cada región del mundo, y como todas las tradiciones, se ha ido desvirtuando a lo largo del paso del tiempo.