La conmemoración se realiza porque, según la tradición católica, el 8 de mayo de 1630 ocurrió el llamado “Milagro de Luján”. Una imagen de la Virgen María era trasladada desde Brasil hacia Santiago del Estero, pero al llegar a la zona de Luján la carreta dejó de avanzar. De acuerdo al relato histórico, el vehículo solo volvió a moverse cuando bajaron la figura de la virgen, hecho interpretado como una señal divina.
Con el paso de los años, la devoción creció hasta convertir a Nuestra Señora de Luján en una figura central para millones de creyentes argentinos. La actual Basílica de Luján recibe visitantes durante todo el año y especialmente en mayo, cuando se realizan celebraciones especiales y peregrinaciones masivas.
Celebración y peregrinación por el Día de la Virgen de Luján
La fiesta litúrgica se celebra el 8 de mayo, aunque las peregrinaciones más concurridas suelen realizarse entre septiembre y octubre. Cada año miles de devotos caminan hacia Luján en distintas modalidades —urbanas, juveniles y de comunidad— y las manifestaciones de fe convocan a familias y grupos de todo el país. La Virgen de Luján concentra actos religiosos y reuniones comunitarias.
Además de la misa y los actos públicos, la devoción incluye la práctica de la novena: una serie de rezos que se repiten durante nueve días para pedir protección o intercesión. Las instituciones religiosas y parroquias locales organizan celebraciones y actividades pastorales en torno a la figura mariana.
“Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra. Nuestra Señora de Luján, Patrona de nuestra Patria; hoy alzamos nuestros ojos y nuestros brazos hacia tí… Madre de la Esperanza, de los pobres y de los peregrinos, escúchanos…” La novena completa se reza durante nueve días en distintas parroquias del país.