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EL CÁNCER: UNA BATALLA QUE SE DA Y QUE NO SIEMPRE SE GANA

“La Fundación CRIS contra el Cáncer lanzó una campaña de recaudación para continuar financiando el proyecto liderado por el científico Mariano Barbacid. Resulta llamativo y preocupante que frente a un avance científico de esta magnitud los Estados estén ausentes o lleguen tarde”.

by Javier Daniel Mamani
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Cada 4 de febrero se conmemora el Día Mundial contra el Cáncer. La fecha busca concientizar, promover la prevención y movilizar a la sociedad frente a una enfermedad que atraviesa cuerpos, familias y comunidades enteras. Para quienes la hemos transitado pacientes, familiares, acompañantes no es un día más. Es una fecha que interpela, incomoda y obliga a pensar más allá del relato individual.

Hablo en primera persona porque soy uno de los afortunados: hace más de un año me diagnosticaron cáncer, atravesé una cirugía y un tratamiento de quimioterapia y hoy puedo decir que estoy bien y en nueve años tal vez pueda tener el Alta. Pero “no escribo” estas líneas para contar una historia personal ni para celebrar una victoria individual. Escribo porque el cáncer no se “gana” en soledad y porque lo verdaderamente importante es lo que hacemos como sociedad frente a esta enfermedad.

En estos días se conoció que la Fundación CRIS contra el Cáncer lanzó una campaña de recaudación para continuar financiando el proyecto liderado por el científico Mariano Barbacid. Su equipo logró eliminar completamente tumores en ratones mediante una triple combinación terapéutica, un avance extraordinario que abre la posibilidad concreta de tratamientos en humanos. Para ello, la fundación decidió ampliar la financiación y avanzar en una etapa experimental clave previa a los ensayos clínicos.

Una de las tres terapias utilizadas es altamente innovadora y requiere un importante desarrollo farmacológico antes de ser administrada en personas. Además, es necesario probar el tratamiento en otros modelos experimentales que reproduzcan distintas alteraciones genéticas asociadas al cáncer de páncreas, uno de los tipos más agresivos y con menor tasa de sobrevida. Cuando se habla de este cáncer, por razones obvias, me resulta imposible mirar para otro lado.

Por eso decido sumarme a esta campaña, pero no desde un gesto voluntarista ni emocional, sino desde una mirada crítica. Los tratamientos actuales no son efectivos en la mayoría de los casos. Y quienes hemos militado causas sociales no podemos aceptar con naturalidad que el debate público se reduzca a “de dónde sacar los recursos” cuando se trata de investigación que puede salvar miles de vidas.

Resulta llamativo y preocupante que frente a un avance científico de esta magnitud los Estados estén ausentes o lleguen tarde. Sin embargo, la sociedad ha respondido con una empatía social que da orgullo. Decenas de miles de personas ya han aportado a la campaña, demostrando que cuando las instituciones fallan, la comunidad se organiza.

Para que este avance llegue al ámbito clínico se necesitan aproximadamente 30 millones de euros. La Fundación CRIS contra el Cáncer se propuso como primer objetivo reunir 3,5 millones, en un contexto adverso: su financiación estatal (España) fue reducida en un 25 %. Aun así, gracias a aportes mayoritariamente pequeños, ya se recaudó más del 70 % de esa meta.

Las donaciones pueden realizarse directamente a través de la Fundación CRIS contra el Cáncer, ingresando a su sitio oficial y accediendo al área de campañas activas, donde se puede contribuir de manera segura y transparente.

Muchas veces me preguntan si *le gané al cáncer”. Siempre respondo lo mismo: depende de qué entendamos por ganar. Si hablamos en términos individuales, lo peleó a diario cuidándome. Pero si la pregunta es colectiva, la respuesta es no. No se gana mientras durante los tratamientos se recortan medicamentos oncológicos a pacientes sin obras sociales, mientras la investigación depende casi exclusivamente de la solidaridad ciudadana y mientras la salud sigue siendo una variable de ajuste.

El caso de esta campaña deja al descubierto una realidad incómoda: cuando los recursos institucionales no están, la ciencia queda en manos del compromiso social. A futuro, el debate no será solo científico, sino profundamente político y ético. Cómo garantizar que avances con potencial para salvar vidas no dependan únicamente de la buena voluntad de la gente, sino de una decisión colectiva de poner la vida en el centro de las prioridades públicas.

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