El popular “Cura de Ars”, nació en Dardilly, cerca de Lyon (Francia) en un modesto hogar de labradores, el año 1786. De ingenio tardo, hizo con gran dificultad sus estudios eclesiásticos. Sin embargo aprendió lo bastante como para poder ser sacerdote y a los 30 años el obispo lo ordenó y lo destinó a la parroquia de Ars.
El amor suplió a la ciencia y pronto el desconocido pueblo rural se convirtió en el foro espiritual de Francia. Durante 42 años transformó a la parroquia rural en una parroquia ideal, merced a su continua predicación con la palabra y con el ejemplo, y por su caridad con los pobres para quienes fundó el asilo de la Providencia.
De todos los rincones de Francia, de Europa y hasta de América llegaban para confesarse con él. Murió el 4 de agosto de 1859.
Pío XI, en 1925 lo proclamó santo.
El párroco es el pastor propio de una comunidad parroquial. Según el Código de Derecho Canónico, su misión principal es ejercer la cura pastoral bajo la autoridad del obispo, cumpliendo tres funciones esenciales: enseñar la palabra de Dios, santificar a los fíeles mediante los Sacramentos.
Además, deberá cuidar los bienes materiales, templos y registros parroquiales (como las partidas de bautismo), además de coordinar los consejos de la comunidad. Deberá acompañar a los feligreses en su fe, ofrecer consejo y visitar a enfermos o personas en situación de vulnerabilidad.
También fomentar la ayuda a los más necesitados y organizar la asistencia solidaria dentro de su jurisdicción.