La crisis en el comercio de Salta ya se refleja en el cierre de negocios, la reducción de personal y el traslado de locales hacia zonas más alejadas del centro. El secretario del Sindicato de Empleados de Comercio, Ángel Ortiz, aseguró que la situación “es profunda, es concreta, ya no es un relato, sino una realidad que golpea especialmente a las pequeñas y medianas empresas”.
Algunos comerciantes buscan alternativas para reducir costos y poder sostenerse: se trasladan a locales más chicos, en zonas alejadas del centro, para pagar menos alquiler y reducir también el consumo de electricidad.
A esto se suma la caída sostenida de las ventas, que, de acuerdo con el dirigente, viene profundizándose desde hace más de dos años. “A veces un mes es un 1% menos, a veces llega al 2%. Esto no estoy hablando de inflación, caída de venta”, señaló.
La menor capacidad de compra de los consumidores también impacta directamente en los comercios. Ante este escenario, los propietarios intentan achicar gastos. En los establecimientos más grandes, esto puede traducirse en una reducción de la plantilla, mientras que para un pequeño comerciante despedir a dos trabajadores puede significar directamente quedarse sin personal suficiente para continuar funcionando.
Durante los primeros siete meses de este año se registraron más de 1.000 bajas de CUIL vinculadas al sector, es decir, más de 1.000 trabajadores registrados que dejaron de figurar como empleados. A esto se suma la informalidad laboral, que según estimó ronda entre el 35% y el 40%, por lo que el gremio calcula que son más de 1.500 los trabajadores del comercio, entre Capital y el Valle de Lerma, que habrían perdido su fuente laboral.
Detrás de cada cierre hay dos realidades que quedan afectadas: la del trabajador que pierde su ingreso y la del comerciante que puede terminar sin su capital y endeudado. Algunos comercios intentan reconfigurarse para mantenerse abiertos mientras el consumo continúa retraído.