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LA TREGUA DE NAVIDAD LE GANO A LA GUERRA

En plena Primera Guerra Mundial en 1914, los soldados alemanes y británicos se unieron con la llegada de la Navidad. En el medio, cuando la hostilidad se deshacía en un intercambio de pequeños regalos, aparecieron pelotas de fútbol. Y entonces, en ese precioso momento, la guerra se detuvo.

by Javier Daniel Mamani
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La victoria duró lo que podía durar: muy poco. Pero esos días -aquellos instantes que mucho tuvieron de mágicos y de inverosímiles- mostraron los alcances inmensos que el fútbol puede ofrecer. Sucedió en plena Primera Guerra Mundial. La Navidad de 1914 estaba por llegar. En el Frente Occidental, en la ciudad de Ypres (territorio belga; región flamenca, Provincia de Flandes Occidental), de un lado estaban los soldados alemanes; del otro, los británicos. Comenzaron con villancicos cantados al azar y a la par. ya Juntos, en ese rato de paz, enterraron a los caídos. También juntos los lloraron.

En el medio, cuando la hostilidad entre soldados se deshacía en un intercambio de pequeños regalos decididamente significativos, aparecieron pelotas de fútbol. Y entonces, en ese precioso momento, la guerra se detuvo. Y los horrores fueron derribados en cada jugada. Bajo el cielo de tantos dolores, un milagro sucedía. No se trató de un evento más el de la llamada Tregua de Navidad.

El cine le ofreció espacio al hecho. “Joyeux Noël” (Noche de paz, en la Argentina) se llama la película francesa de Cristian Carlon en la que se retrata aquel momento. Estrenada en 2005, llegó a estar nominada como Mejor Película Extranjera. Y aunque perdió ante la sudafricana “Tsotsi”, de Gavin Hood, dejó su huella. El film, en cualquier caso, ofrece una mirada similar a la de aquellos futbolistas amateurs y entusiastas, esos soldados que no quisieron ser soldados por un rato: es un mensaje de esperanza.

También la literatura se hizo eco en algún momento. La obra “Silent Night: The Story of the World War I Christmas Truce” (“Noche silenciosa: la historia de la Tregua de Navidad de la Primera Guerra Mundial”), de Stanley Weintraub, brinda los detalles de ese instante en el que la Guerra se detuvo y los rivales del campo de batalla jugaron un momento largo en un campo de juego. Mirándose, entendiéndose.

​El resultado, respecto del cual hay varias versiones, poco importó entonces. Y poco importa ahora, más de un siglo después. La victoria, que duró lo que duró el partido o los partidos, fue de todos ellos. Hecho mensaje para todos los tiempos. Hecha leyenda de paz.

Hace poco menos cuatro décadas, el estupendo Paul McCartney le dedicó al hecho su mirada con la canción Pipes of Peace. Dice en el estribillo: “Help me to learn songs of joy / instead of ‘burn baby burn’ / won´t you show me how to play / The pipes of peace, play the pipes of peace” (“Ayúdame a aprender canciones de alegría / en lugar de ´quema bebé quema’ / vamos a mostrarles cómo tocar / las pipas de la paz). En el video, el artista es un soldado de aquellos que se animaron a cambiar los ruidos de los disparos por los gritos de gol.

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