Un 13 de marzo de 2013, Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, fue elegido papa. El primer pontífice latinoamericano y jesuita de la historia fue la cabeza visible de la Iglesia Católica.
Bergoglio, que escogió el nombre de Francisco, resultó elegido por los cardenales de la Iglesia en el segundo día del cónclave. Vestido con las prendas papales, Bergoglio se presentó ante el mundo desde el balcón de la Basílica de San Pedro, desde donde dio su primer mensaje como Papa.
Francisco I agradeció en italiano la recepción que le dieron los presentes en la plaza de San Pedro. “Como saben, el objetivo del cónclave era elegir al obispo de Roma”, le dijo a la multitud exultante que aguardaba en la Plaza San Pedro.
“Me parece que mis hermanos cardenales han elegido a uno que es de muy lejos… Pues aquí estoy. Quisiera agradecer su voto de confianza”, declaró.
El entonces Papa rezó el padre nuestro para Benedicto XVI y pidió a los católicos “emprendamos este camino, obispos y pueblo” y orar “los unos por los otros, oremos por todo el mundo para que exista una gran hermandad”.
Dijo que esperaba que el camino que emprende traiga “frutos para la evangelización”. Bergoglio fue conocido por su franqueza a la hora de opinar y por su afinidad con el ala más conservadora de la Iglesia.
