Desde la ternura de Martín Santomé en La Tregua hasta el entrañable Nino Belvedere que acompaña a su mujer con Alzheimer en El hijo de la novia, desde el temible militar y represor de La Patagonia Rebelde hasta el empresario apropiador Roberto Ibáñez en La historia oficial, y hasta aquel personaje que sacude a los jóvenes con su frase “¡Puta, que vale la pena estar vivo!” en Caballos salvajes… en más de un centenar de películas -en Argentina y España- y una trayectoria igualmente notable en teatro, la tv y las series, Héctor Alterio construyó una de las carreras más relevantes de la historia de nuestra cultura.
Una vida intensa
Hijo de un matrimonio de inmigrantes italianos, instalados en el barrio de Chacarita, Héctor Benjamín Alterio nació el 21 de septiembre de 1929. Siempre recordó que su vocación de actor le surgió desde muy chico, cuando estaba en el colegio o cuando se disfrazaba para participar en las fiestas los carnavales. Pero a sus 12 años, su padre -que había montado una sastrería- murió y tuvo que salir a la calle para ayudar a mantener a su familia.
Sus primeras películas claves
La Tregua, sobre el libro de Mario Benedetti, ya había tenido una versión adaptada a la tv con la dirección de Renán y el protagónico de Alterio en aquel recordado ciclo Las grandes novelas. Llevada al cine fue un suceso, al convertirse también en la primera película de nuestro país nominada para el Oscar como mejor extranjera.
Junto a Alterio actuaban Ana María Picchio, Luis Brandoni, Marilina Ross, Norma Alejandro, Antonio Gasalla, Cipe Lincovsky, Oscar Martínez y el propio Renán. Un elenco de lujo que convirtió a aquella película en un verdadero clásico.
En La Patagonia Rebelde, de Héctor Olivera sobre el libro de Osvaldo Bayer, se recuerda la gesta y la rebelión de los obreros ante terratenientes hacia comienzos de la década del 20, con la posterior y feroz represión militar. Luis Brandoni y Pepe Soriano asumen algunos de los protagónicos memorables de aquella película, en tanto Alterio “es” el general Zavala (el coronel Varela, en la realidad).
El cierre del film es contundente: los hacendados de Santa Cruz hacen una fiesta para honrar al General Zavala, una celebración de la muerte. En ese momento, Olivera realiza uno de los mejores planos de la historia del cine nacional, cuando aquellas personas comienzan a cantar una canción en ingles al militar, y la cámara se queda con su mirada de estupor, haciendo un zoom sobre los ojos de aquel hombre que comprende que su servicio ha estado en manos de intereses que poco tenían que ver con el país.
El exilio en España
En el ’75, Alterio sufrió el mismo destino de otros referentes de la cultura. Amenzado por la Triple A, la organización terrorista inspirada por López Rega y donde confluían la ultraderecha peronista, sectores policiales y de los servicios de inteligencia, además del hampa, Alterio tuvo que exiliarse en España.
“Cuando estábamos presentando La Tregua en España recibí una llamada desde Buenos Aires. Estaba en el hotel Wellinton, en Madrid. La Triple A, en un comunicado, me condenaba a muerte”. Sin despedirse de sus amigos, ni poder llevarse sus cosas, su vida dio un giro completo: tuvo que quedarse en España.
Recién retornaría a la Argentina a principios de los años ’80. Fue uno de los protagonistas de Camila, otra de las películas candidatas. Y también La historia oficial, estrenada en 1985 y que recibió el Oscar como mejor película extranjera.
Aunque Alterio fijó su residencia definitiva en Madrid, retornaba de tanto en tanto y así lo tuvimos en películas como Caballos salvajes, que protagonizaba junto a jóvenes como Leonardo Sbaraglia y Cecilia Dopazo, y que dejó escenas y frases inolvidables: “¡La puta que vale la pena estar vivo!”
Y más delante llegaría otra nominada al Oscar, El hijo de la novia, donde se reencontró con Norma Aleandro.
Los últimos años
A fines del 2020, ya con 91 años y cuando en Madrid se iba reabriendo la actividad teatral tras la dura pausa por la pandemia, Héctor Alterio volvió con Como hace 3000 años, un espectáculo donde interpretaba composiciones del gran poeta León Felipe, acompañado en guitarra por José Luis Merlin.
Sobre la adrenalina de seguir a esa edad en el escenario: “Siempre se siente una curiosidad. Hay un motor ahí… Viene a mí la imagen de un señor desconocido que sale de su casa, va a una boletería, pide una entrada y paga un dinero del cual yo vivo. Ese señor se sienta pasivamente en una butaca para que, de alguna manera, lo movilicemos con nuestro trabajo. Ese señor tiene que ver un estreno y yo voy a repetir 100 o 150 veces lo mismo y olvidarme de todo lo que hice y ofrecerle ese estreno. Ese señor me merece el mayor de mis respetos. Me obliga a concentrarme, a ofrecer lo mejor de mi trabajo, a ofrecerle un estreno.”
Mantenía todo su entusiasmo por su trabajo: “¿Por qué trabajo en medio de una peste y con esta edad? ¡Porque me aburro, no me imagino sin trabajar después de más de 70 años. Y porque todavía tengo que pagar las cuentas!”
